Historia del Tejido en Telar

En la Era Paleolítica, hace aproximadamente 6000 y 10000 años de antigüedad, el hombre fue en busca de abrigo para protegerse de la intemperie, Imitando a la naturaleza de los nidos de pájaros y diversas raíces, descubrió fibras vegetales y animales y comenzó a entrelazarlas  hasta formar un tejido.

En la Era Neolítica se desarrolla la industria de los Metales y la rueda, la agricultura, la domesticación de animales y los primeros telares

El primer telar fue el vertical griego, parecido a un arco de fútbol, en la cual pendían las fibras desde el travesaño hasta el suelo y colocaban piedras para tensar las fibras y formar una urdimbre más firme y así tejían desde abajo hasta arriba. Esta labor facilitó el manipuleo de las fibras siendo más finas y suaves, favoreciendo la textura en la indumentaria textil. A este telar lo llamaron Penélope y se utilizó en Medio Oriente y norte de Europa.

El telar egipcio era similar al de los tapices y alfombras siendo de manera vertical, de suelo y horizontal.

En América se utilizaban los telares de cintura, en la cual el hombre estaba sentado en el suelo, con la urdimbre atada al cinturón que llevaba puesto, lo sujetaba con el peso del cuerpo y tejía manteniendo su posición.

Con el desarrollo de la Humanidad y los avances industriales que iban progresando, avanzaron la tejeduría con otros modelos de telares que facilitaban el diseño de la trama.

Primero fue el estilo de calada, que permitía levantar los hilos y trazar lizos cortos que estaban atados a un palo de madera para atravesar la calada y formar la trama. Luego se inventó el peine, formado por varios palitos de madera con sus orificios y separados por una ranura. Los hilos se formaban en dos capas, una pasaba por los orificios y otra por las ranuras. Esto permitía formar una calada favoreciendo al hilo atado al palo atravesar tantas veces mientras el peine subía y bajaba en cada pasada.

Luego llegaron los telares de pedal, que separaban la urdimbre con la presión de los pies y accionaban unos bastidores que contenían los lizos que estaban enhebrados. Leonardo Da Vinci, en el siglo XVI, inventó la lanzadera, que permite realizar los tejidos en forma manual para completar la labor de manera más eficiente.

Estos telares produjeron un avance tecnológico textil, que aumentó la producción en gran escala, favoreciendo la economía mundial y la vida de los pueblos.

En la actualidad abundan diferentes tipos de telares que responden a cada uso de acuerdo con sus necesidades y tiempos, como ser el telar de triángulos, cuadrados, hexagonales, redondos, de peine también llamado María o sureño, tanto manual como eléctrico.

Cada tejedor utiliza su telar y lo va trabajando a su modo de hacer, tiempo de hacer y  sentido de hacer.

Los Telares

Vamos a enumerar y describir los diferentes modelos de telares usados, pero antes vamos a establecer lo más importante; qué es un telar. Podemos definirlo partiendo de la dinámica del tejido en telar, que es sencillamente el cruce recurrente de los hilos de urdimbre en cada cruzada al hilo de trama. El telar es el elemento encargado de mantener alineados y estirados esos hilos de urdimbre, separados en dos planos para recibir el hilo de trama y cruzarse. Ambos planos contienen un número igual de hilo de urdimbre, ya que están formados por la mitad de un par, y uno de los planos tendrá “lizos”, que son cuerdas auxiliares que sujetan los hilos para facilitar el cruce en forma rítmica y mecánica sin tener que cruzar hilo por hilo. Los telares aborígenes poseen lizos movidos manualmente, y si el ancho del tejido lo justifica, esos lizos se fijan o enhebran en una vara o caña para poder accionarlos a todos con un solo movimiento (tonon o tononhué para los mapuches). Los telares criollos, derivado por los traídos por los españoles, tienen otro tipo de lizos, accionados por pedales o por manijas colgantes.

Telares Aborígenes.

Son varios los tipos de telares que los indígenas de Sudamérica nos han legado, y los vamos a dividir en grandes grupos: verticales y horizontales. Los verticales del Norte Argentino (Chaco) y los del Alto Perú (Tarabuco, Potolo) consisten en un cuadro formado por dos parantes y dos travesaños. Los del Sur Argentino y Chileno tienen agregado dos parantes suplementarios para sostener la vara de los lizos (tonohue), que llaman param-tononhué (Mapuches, Tehuelches, Patagonia, la Pampa, sur de Mendoza).  Actualmente se prefiere dividir los telares verticales en verticales propiamente dichos y oblicuos. Creemos que tiene que ver más que nada con la longitud de los largueros del telar, porque si se apoya contra una pared tendrá cierta oblicuidad, mientras que si el apoyo es un tronco del techo de la ruca o rancho tenderá a la vertical. También se vio (y aun se ve) en el sur Argentino y Chileno el telar vertical afirmado contra dos parantes oblicuos terminados en horquetas. Hay un telar que también es vertical, pero con particularidades. Es el denominado de faja pampa o de tablillas. Son dos estacas verticales clavadas en el suelo, a una distancia equivalente a la longitud deseada para la faja a  tejer. La urdimbre no es vertical sino transversal, posee generalmente un solo lizo y varias tablitas o palitas para mantener el cruce y para sostenes los hilos elegidos para el dibujo. Entre los telares aborígenes horizontales se destaca el de suelo o de cuatro estacas. Estas estacas se clavan firmemente en la tierra formando los vértices de un rectángulo y allí  se traban los travesaños para mantener la urdimbre tensa, que queda casi tocando el piso. Aquí, los lizos apoyan directamente sobre la urdimbre, en tanto que en otro tipo se agregan dos horquetas para sostener la vara del lizo. Como estas estacas están frecuentemente clavadas a cielo abierto, las tejedoras, destraban por la noche la urdimbre, la envuelven y la guardan en su rancho, para volver a desplegarla el día siguiente. A veces, la tejedora se sienta sobre la tela ya tejida a medida que va avanzando en el mismo, en tanto que en otras ocasiones opta por ir envolviéndolo al tejido a en el travesaño  proximal o ayudada por otro palo proximal “envolvedor”. En este último caso, ata los extremos del travesaño distal a las estacas con una soga gruesa de lana y la soga se irá alargando a medida que la artesana se vaya aproximando al final de su labor. También se consideran como telares horizontales los de cintura, es decirlos que tienen un travesaño atado a un árbol o a un poste y el otro a la cintura de la tejedora. El mayor ancho que se teje en los telares horizontales no excede los 0,85 m., por ser este el alcance de los brazos de la artesana para pasar la trama.

Telares de Origen Europeo

El telar criollo es copia del de origen europeo traído por los colonizadores y tuvo gran difusión por toso el Noroeste desde la Puna a Cuyo. Sigue siendo utilizado por las tejedoras de estas provincias. Consta de cuatro postes u horcones que sostienen dos largueros, sóbrelos que asientan los travesaños necesarios para sostener la soga de los lizos accionada por los pedales o las manijas; a veces tienen travesaños accesorios para colgar la caja del peine, pieza destinada a apretar la trama. Los envolvedores se fijan con ataduras (similares a las coyundas) a la altura deseada por la artesana. A medida que se progresa en la producción del tejido, el envolvedor de la urdimbre se va desenrollando y el proximal va envolviendo la tela. Dicho telar se utilizaba en todos los obrajes jesuíticos. Así como en el Norte y centro argentino, Cuyo, Bolivia, Perú y norte de Chile han usado telares horizontales, verticales y criollos, (aunque la mayoría del NOA eran criollos, en Bolivia y Perú horizontales de cintura y de cuatros estacas) en el sur fue y es excluyente el telar vertical, denominado Witral.

Período Actual

En este momento el tejido hecho en telares manuales está siendo revalorizado en casi todo el mundo ya que conlleva en su elaboración un alto sentido de representatividad puesto que en toda pieza que hoy se hace en telar, sea de la provincia que sea, y de la forma que ésta haya sido hecha, con solo tocarla, mirarla, apreciar su textura y sus colores, encontramos algo, sentimos algo que nos transporta a otra época, nos conecta con nosotros mismos, nos hace sentir protegidos, abrigados y por sobre todo nos hace formar parte de una identidad que todos llevamos dentro.
Hoy una pieza hecha en telar se la utiliza para casi todo, tanto en la casa como en prendas de vestir, por lo que los invitamos a todos lo que quieran vivir esta experiencia a acercarse a una pieza hecha en telar, ya que estará viviendo una experiencia única, y además estará aportando un grano de arena a que no se pierdan este tipo de expresiones en nuestro país, pero por sobre todo en la economía de los tejedores, ya que las personas en la que hoy reside el conocimiento del tejido, son en su gran mayoría personas poco valoradas en la tarea, por lo que es recomendable que si desea adquirir una pieza hecha a telar, se asegure que el dinero que represente el costo de ésta vaya a manos de quien los produce, y no solo de quien los comercialice.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. bernar
    May 24, 2013 @ 13:12:48

    Un articulo muy interesante.
    Gracias.
    Un cordial saludo.

    Responder

  2. gaby
    Jun 27, 2013 @ 22:00:44

    Cuales son las Fuentes bibliograficas?

    Responder

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